¿Cómo involucro los
cuatro tipos de ambientes de aprendizaje en mi práctica docente?
Ambiente centrado en quien aprende.
El docente se tiene que centra en el contexto de los alumnos para poder
impartir sus clases adecuadamente y logren adquirir los aprendizajes esperados,
ya que se basa en el conocimiento, la habilidad, actitudes y creencias de los
educandos, es decir el niño es el punto de partida, considerando sus diversos
aspectos, con el fin de elaborar una planificación autentica, considerando sus
intereses, gustos, necesidades, estilos y ritmos de aprendizaje. Por tal razón
todas las actividades destinadas a los alumnos deben ser diseñadas para que se
puedan realizar, aunque es importante que sean un reto para que ellos conserven
e incrementen su compromiso con el aprendizaje y evitar la decepción. Dichas
actividades deben estar encaminadas a conectarse con los contenidos que
corresponde enseñar.
Ambiente centrado en
el conocimiento.
En este tipo de ambientes el alumno
entra en contradicción con los conocimientos que posee y las nuevas que va
adquiriendo a través de los contenidos, con el fin de que los alumnos adquieran
conocimientos nuevos y habilidades para desenvolverse ante las situaciones de
la vida. El individuo constituye un nuevo conocimiento con base a su
conocimiento actual. De igual forma se hace un énfasis en la construcción de un
sentido mediante el conocimiento, el cual ayuda al estudiante a aclarar sus
dudas. Este tipo de aprendizaje también se centra en los tipos de información y
actividades donde los educandos desarrollen su capacidad de comprender sobre lo
que lee. Existen nuevos métodos interesantes para desarrollar el currículo que
favorece el aprendizaje con comprensión y que impulsa la construcción de un
sentido. Una de las estrategias es la “Formalización progresiva”, que comienza
con las ideas informales, es decir, los conocimientos previos del alumno, de
modo gradual y estructurado, de tal manera que adquieran los conceptos y
procedimientos de una disciplina.
Ambientes centrados en la evaluación.
El
maestro es el encargado de la evaluación de los aprendizajes de los alumnos y
quien realiza el seguimiento, crea oportunidades de aprendizaje y hace
modificaciones en su práctica para que logren los aprendizajes establecidos, con
un enfoque que permita a los alumnos retroalimentar sus logros de aprendizajes,
con niveles de desempeño explícitos que los impulsen a obtener cada vez mejores
logros. El docente habrá de especificar a los estudiantes las formas en que
pueden superar sus dificultades. En este sentido, una calificación o una
descripción sin propuestas de mejora resultan insuficientes e inapropiadas para
mejorar su desempeño. Los instrumentos que se utilizarán para conocer su logro,
posibilita que todos valoren los resultados de las evaluaciones y las
conviertan en insumos para el aprendizaje; de igual forma se requiere de la evaluación
para monitorear su progreso, saber en qué fase se encuentra en el desarrollo
de su pensamiento formal y rediseñar las estrategias de enseñanza.
Ambientes centrados
en la comunidad.
El
educando logra un aprendizaje significativo cuando se trabaja con situaciones
reales, involucrando su contexto, porque la mayor parte del tiempo se encuentra
inmerso ante diversas situaciones que requieren de una solución sensata. Las
escuelas deben trabajar a partir de la cultura de la comunidad donde se
encuentra, para reflejar en los alumnos, comportamientos, actitudes y creencias
para generar aprendizajes positivos mediante la interacción. La escuela puede
aportar mucho a la comunidad mediante la extensión académica durante el desarrollo
de temas de alto contenido por parte de los alumnos, donde se refuerce la
cultura, las costumbres, las tradiciones y el idioma de la comunidad,
favoreciendo la inclusión y la pertinencia de dicha cultura, generando
evidencias que los alumnos elaboran, como los folletos, periódicos o trípticos
entre otros.
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